martes, 21 de febrero de 2017

2o Parcial Papel de la agricultura en el desarrollo de México



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Artículo: Globalización de la agricultura

Globalización de la agricultura y la alimentación en la economía mundial.

Un análisis crítico (teórico y práctico) desde la agroecología y el consumo responsable


Pilar Galindo y Carlos Pino Centro de Asesoría y Estudios Sociales (CAES) 
caes@nodo50.org

1. La alimentación como fuente de salud y reproducción de la vida

Una de las dimensiones básicas de la salud está ligada a la alimentación. Todos los seres vivos y entre ellos, los seres humanos, precisan alimentos nutritivos, saludables y en una cantidad y composición adecuadas para asegurar, su desarrollo como organismo vivo y las condiciones de reproducción y supervivencia como especie. La salud individual, pero también colectiva, presente y futura, depende de la alimentación. Un ser vivo bien alimentado es menos sensible a enfermedades o son más pasajeras y tienen consecuencias menores. Además, la salud está vinculada a otros factores como la salubridad del medio en el que vivimos, las relaciones laborales, la extracción socioeconómica, la afectividad que damos/recibimos. Aunque pudiera parecer que procurarse una vida más o menos saludable depende de la voluntad y libertad individual, la mayor parte de la población que muere de hambre, malvive en condiciones de desnutrición o muere de enfermedades evitables, no ha elegido las condiciones de su existencia, sino más bien ha sido víctima de tales condiciones. La escasez y la (baja) calidad de los alimentos, suele estar vinculada a la pobreza. Esta es la primera dimensión de la inseguridad alimentaria. La segunda dimensión es la insalubridad de los alimentos y los riesgos indirectos sobre la salud y la reproducción. Cada vez con mayor frecuencia encontramos alimentos contaminados o inseguros desde el punto de vista nutricional o de su calidad. Tampoco su ingesta es fruto de la voluntad individual, sino que se relaciona con la forma en que se cultivan y procesan los alimentos en el modelo actual de producción, distribución y consumo a escala planetaria.

2. Economía. Agricultura. Alimentación: La lógica de la producción, distribución y consumo de alimentos en la economía moderna.

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En la economía moderna las necesidades humanas, entre ellas la alimentación, adoptan la forma mercantil y se expresan bajo la forma precio. Es decir, la lógica de la necesidad queda supeditada a la lógica del mercado. No se produce lo que necesita la población para vivir sino lo que genera beneficio. Y sólo puede generar beneficio si constituye una demanda en el mercado, si quien lo necesita tiene dinero para pagarlo. A su vez, la producción se organiza mediante la generalización del trabajo asalariado como forma, tanto de obtener los recursos necesarios para la propia vida, como de pertenencia social. 

Las personas, una vez que históricamente, han sido desposeídas de medios propios, familiares o comunitarios, se ven impelidas, para satisfacer sus necesidades, a ir al mercado a buscar un empleo que les proporcione los recursos monetarios con los que procurarse, nuevamente en el mercado, las mercancías que satisfarán sus necesidades alimenticias y de otro tipo. Por tanto, la generalización del trabajo asalariado tiene como consecuencia, la generalización de la producción de alimentos para otros, para la venta, es decir, la producción de mercancías agrarias. A su vez, es preciso que se reduzca el trabajo necesario en la agricultura para poder “liberar” mano de obra para el despliegue de la producción industrial, es decir, aumentar la productividad del trabajo agrario mediante la tecnología. Por último, la continuidad del ciclo industrial exige aumentar la demanda de mercancías industriales que se hará no sólo mediante el aumento del consumo sino también, a través del aumento de su demanda al interior del ciclo productivo, como medios auxiliares y de producción. Esto empujará también a que en el proceso de producción agraria se empleen cada vez más productos elaborados por la industria y que se interrelacionen cada vez más, ambos procesos. 

En definitiva, la industrialización de la agricultura tiene como origen por un lado, la demanda de mano de obra para la industria y la necesidad de desplegar un mercado para los productos de la propia industria al interior del proceso productivo. Por otro lado, se origina por la generalización del trabajo asalariado y la concentración urbana, ambos propiciados por la industrialización, que inducen, cada vez más, a la población (asalariada) a recurrir, sin otra alternativa, al mercado para conseguir los alimentos y el resto de las mercancías que satisfacen sus necesidades. 

La producción de alimentos debe comportarse entonces, como una mercancía cualquiera, aunque satisfaga una necesidad humana básica, debe generar beneficios (producir plusvalor y reproducir ese plusvalor).


El modelo de producción, distribución y consumo de alimentos basado en la industrialización de la producción alimentaria y la generalización de su intercambio bajo una forma mercantil discurre parejo a la industrialización de las sociedades. 

En los países industrializados se desarrolla especialmente a partir de la II Guerra mundial, aunque en EEUU lo hace al menos una década antes, favorecido precisamente por la propia guerra que realimenta la industrialización. Su extensión y consolidación progresiva a escala planetaria se inicia en los años setenta, a partir de lo que se conoce como la Revolución Verde. Se denomina así, al fenómeno propiciado por la FAO, de extensión de la agricultura industrial a los países empobrecidos bajo el argumento de que era la única forma de resolver el problema de las necesidades alimenticias de una población creciente. Esta agricultura se basa en un alto empleo de tecnología (maquinaria, irrigación, semillas híbridas, fertilización química y productos químicos para la lucha contra las plagas y enfermedades) considerando ineficientes e inapropiadas tanto la forma tradicional de la agricultura de cada zona, como los conocimientos a ella asociados de manejo de suelos, agua, semillas, cultivos, etc. Pero además de no ser tecnologías apropiadas para la ecología de cualquier parte del planeta, generan una mayor dependencia económica y tecnológica. 

La Revolución Verde es una de las principales consecuencias del aumento de la deuda exterior de los países empobrecidos, impelidos para pagar los intereses de esa deuda, a producir cultivos de exportación demandados en el mercado internacional y a importar los alimentos básicos para su población o incluso solicitar ayuda alimentaria. La soberanía y la seguridad alimentarias de los países empobrecidos queda hipotecada y al albur del mercado internacional y sus precios.

2.1. Mantener el ciclo reproductivo del capital a costa de la vida, la salud y la seguridad alimentaria

Es evidente que la doble condición, industrial y mercantil, del ciclo de producción, distribución y consumo de alimentos no busca satisfacer las necesidades de alimentación de toda la población del mundo en condiciones suficientes y de calidad, y garantizar a su vez, el respeto ecológico para las necesidades futuras. Por el contrario, promueve:

1) Intensificación de la producción en base a la introducción de tecnologías o bien no suficientemente probadas –transgénicos- o cuyos efectos perjudiciales están demostrados - plaguicidas, pollos con dioxinas, vacas locas, hormonas en la leche y en la carne, etc-.

Todo ello a costa de la salud de las personas, del agotamiento y contaminación de suelos,
agua, semillas, de la eliminación progresiva de ecosistemas naturales.

2)  Producción a gran escala a costa del endeudamiento creciente de agricultor@s y ganader@s, que además, expulsa a los que no pueden “competir” y elimina la cultura y modo de vida campesina.

3)  Una dependencia cada vez mayor del mercado y sus reglas por parte de l@s agricultor@s y ganader@s, no sólo por las condiciones de venta de sus productos, sino por la imperiosa necesidad de comprar todo lo que precisan (privatización de las semillas, ingeniería genética, plaguicidas, fertilizantes, maquinaria, etc.). Se convierten en eslabones de una cadena que les controla y co-responsabiliza ante la contaminación alimentaria.

4)  Deterioro progresivo de la calidad de los alimentos, incluso su contaminación, debido a los productos y/o tecnología empleados.

5)  Incremento obligado del comercio mundial de alimentos mediante las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), e impulsado a través de subvenciones (que fomentan la exportación o la intensificación de la producción). Consiguiente impacto negativo sobre las economías y condiciones de vida de agricultor@s, jornaler@s y campesin@s en los países de origen y destino. También sobre el medio ambiente, por el aumento de envases y el consumo energético debido al transporte y la conservación.

6)  Proliferación de grandes superficies, controladas por el capital internacional, a costa del pequeño comercio local. Sus ventajas competitivas residen en la precarización de sus emplead@s, las presiones que ejercen sobre los precios y la forma de pago a productor@s.
En su despliegue, este modelo modernizador de la alimentación mundial ha demostrado su incapacidad para resolver los problemas de seguridad alimentaria.


 La forma como el capital interviene en la mercantilización de la alimentación a nivel mundial, generaliza dicho modelo y activa las condiciones para el aumento de la inseguridad alimentaria:
  1. 1)  No se produce lo que necesita la población para una alimentación segura, sino lo que asegura más beneficios al capital invertido.

  2. 2)  Al perseguir el abaratamiento de los costes y la competitividad en una cadena de distribución planetaria, este modelo, enfrenta a productor@s y consumidor@s en intereses contrapuestos y enormemente alejados.

    3)  Elimina a la pequeña producción agroalimentaria y a l@s campesin@s, reemplazándoles por empresas o sociedades anónimas que concentran la producción y la distribución donde les es más rentable.
  1. 4)  Convierte a la agricultura y ganadería en una factoría industrial. El oficio y habilidad del agricultor/a y su conocimiento de la naturaleza no tienen el menor valor y han sido sustituidos por la producción en serie.

  2. 5)  Se trata a los animales como máquinas productoras de carne, leche o huevos.

  3. 6)  Lo importante no es la calidad de los alimentos, sino el cumplimiento de la legalidad: informar en las etiquetas, no incorporar productos prohibidos o en dosis no autorizadas. A las sustancias que van a ser autorizadas no se les pide la ausencia de riesgos directos o indirectos para la salud o el medio ambiente. Se aceptan umbrales de contaminación y
    riesgo. No se aplica el principio de precaución ante la duda o los riesgos desconocidos.

  4. 7)  Se viola el derecho a la soberanía alimentaria como “derecho de los pueblos a definir su propia política agraria y alimentaria”, mientras se consolidan las patentes (derechos de
    propiedad) sobre la vida.

  5. 8)  Se esquilman y privatizan territorios, recursos naturales, agua, suelo, semillas, etc.

No están garantizadas cantidad y calidad de alimentos para toda la población mundial. A pesar de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos considera el derecho a la alimentación y al bienestar nutricional como uno de los derechos elementales y que la Organización Mundial de la Alimentación (FAO en inglés), reúne periódicamente a los Jefes de Estado y de Gobierno para acordar estrategias conjuntas que combatan la inseguridad alimentaria, ésta crece en paralelo al desarrollo del comercio global de alimentos. Desde la primera Cumbre Mundial de la Alimentación en 1974. En la Cumbre de 1996 se reconocía que 800 millones de personas no disponían de alimentos suficientes, y se constataba que tal cuestión dependía de la voluntad política de los Estados. La Declaración expresaba que no se trata de la cantidad de alimentos producidos sino de la capacidad de acceso de las familias a dichos recursos. Sin embargo, el compromiso se limitó a proponer reducir la cifra de hambrientos a la mitad y en el 2015. Actualmente esa cifra alcanza los 842 millones, y en la Cumbre de Johannesburgo para el Desarrollo (2003) se mantuvo el mismo objetivo y plazo que en 1996.

La FAO y la OMS, ambas dependientes de Naciones Unidas y cuya finalidad es resolver los problemas de la alimentación y la salud de la población a nivel mundial, aunque evalúan las consecuencias que provoca este modelo productivo, no cuestionan verdaderamente el origen de la inseguridad alimentaria. Separan las dos dimensiones de la seguridad alimentaria (cantidad y calidad) y promueven tan sólo soluciones técnicas. Con respecto a la calidad de los alimentos, proponen controles analíticos cuya premisa es la demostración fehaciente del efecto perjudicial sobre la salud (eliminan sólo los productos que han demostrado ser la causa de  enfermedades graves o muertes directas). 

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laberinto: entre la nube de mosquitos y la izquierda parlamentaria”. La Catarata-CAES. Madrid, 2003.)
A. Morán “Globalización. Moneda única. Consecuencias.” En VV.AA. “El movimiento antiglobalización en su
2 3 un mundo sin transgénicos”, Grupo de Ciencia Independiente, Londres, julio de 2003.
P. Galindo. “Contaminación transgénica e inseguridad alimentaria”. C. Agri. Ecológica Valencia. Nov. 2002. Hay informes científicos que piden el abandono de los transgénicos en agricultura y optar por sistemas que dialoguen con la naturaleza y el conocimiento campesino. Véase Mae-Wan Ho y Lim Li Ching, “En defensa de
E. Sevilla Guzmán y otros: “Introducción a la agroecología como desarrollo rural sostenible” M. Prensa, 2000.

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